Skip to content

Daño Nuevo

January 5, 2012
by

Daño Nuevo

Hablar de “años nuevos” estando en México se antoja como un ejercicio de ocio o que parte de una ilusión más de la república simulada. Dado el rancio presidencialismo que el país padece, los ciclos suceden cada seis años, intersticio en el que no pasa nada que no esté calculado ya. Contrariando el convencionalismo que impone el calendario, este sería el último mes del año de un régimen usurpador. Enumerar los crímenes oficiales es también un ejercicio digno (o indigno) de los medios oficialistas en los que las tragedias se muestran con tal ligereza que atenúan ante la opinión pública la gravedad del desastre nacional.

Sin embargo, de entre las pérdidas que pueden ser de lo más lamentables, se encuentra dentro de la sociedad. No me refiero a los miles de muertos, cuya cuenta se incrementa a cada discurso, sino a la desmovilización de la sociedad que comienza a fundar sus esperanzas en el trance electoral, o al menos gran parte de sus esperanzas. La inducción del proceso electoral como alternativa al reclamo disidente y contestatario es quizás uno de los mayores logros del Estado en su afán por controlar el descontento social, tan es así que todos los aspirantes a ser los empleados de los poderes fácticos, están dados a la tarea de cacarear las soluciones obvias a los problemas de siempre, incluso el candidato de la “izquierda” electoral.

Lamento no recordar al autor de una frase que sintetiza lo anterior sin tanta diatriba: “Si las elecciones cambiaran algo, seguro ya las habrían prohibido”. La razón de oponerse al proceso electoral como un motor de cambio histórico radica en el hecho en que aquellos que han violentado la voluntad popular siguen ostentando los mecanismos de las “elecciones”.

El llamado no es a la anulación o a la abstención de votar sino a tomar acciones paralelas al sufragio, a la politización de la sociedad civil, a la toma de posturas políticas y activismo en diversos grados de participación. El involucramiento de la sociedad es posible mediante su integración a los reclamos más sencillos que grupos civiles que ya hacen patentes en sus demandas. Los indignados en el centro de Coyoacán, el campamento de la Bolsa de Valores, los despojados de Luz y Fuerza del Centro, los manifestantes de Jalisco en contra de la modificación del artículo 24, los defensores de los derechos humanos en Chihuahua… ninguno de esos movimientos civiles cuenta con partido político alguno detrás, ni uno sólo busca el poder, tan sólo cambiar el entorno para sí y los suyos. No involucrarse es, por lo menos, irresponsable. Una sociedad movilizada ya no requiere de un líder partidista, ni siquiera de un mitin político que arengue a las masas a una resistencia por una causa ajena; basta tener motivos personales.

Informarse no envilece al individuo, lo hace el emitir opiniones sin antes estar enterado de lo que habla.

Advertisements
No comments yet

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: