Skip to content

La fiebre ocupacionista

November 6, 2011

Luego de cierta fiebre “campista” originada en la Puerta del Sol en España, los movimientos civiles en en algunos países han adoptado esta dinámica contestataria con diversos grados de demandas y expresiones anti-sistema. Por una parte, las “revoluciones” árabes (las cuales poco tienen de “revolucionarias gracias al intervencionismo de la OTAN y fuerzas mercenarias europeas) dejaron claro que la violencia sí es capaz de trascender a un país desde la raíz aunque los resultados son poco previsibles debido a los numerosos factores que involucran dichas revueltas; es así que en Egipto cuentan con una junta militarizada que ha devuelto al mismo estado en que se encontraba le país luego de la expulsión de Mubarak de su larga carrera al servicio de Estados Unidos y su débil postura anti-israelí. En Libia poco hay que decir sobre los métodos empleados por esos “revolucionarios” que no dudaron en vender el petróleo y el agua de su tierra con tal de tomar un poder que, en sus manos, resultará efímero pues, dado el gran interés de las potencias militares, es poco probable que dejen en las manos de mercenarios la riqueza energética de ese país.

Regresando a España, la desigualdad y la escasez de oportunidades que padecen la clase trabajadora los ha orillado a exigir lo que requieren para sobrevivir de la forma más digna posible; para ello tuvieron que ocupar plazas, crear redes informativas, ingeniar nuevas formas de comunicación y soportar el acoso policiaco. El resultado de esos esfuerzos no es posible medirlo en una escala cuantitativa ya que lo postulado, quizás de forma involuntaria por los ocupas, ha sido una nueva forma de agitar las estructuras del poder neoliberal mediante la evolución de la consciencia del individuo, protestad que los poderes fácticos consideran suya mediante el ejercicio de la propaganda y la creación de falsas necesidades. Un gran peligro para el neoliberalismo, sin duda.

Poco después, esta fiebre cruzó el Atlántico para llegar a occidente de una forma que pocos imaginaron. Hordas de gringos dejaron ver al mundo que aquél “sueño americano” era una promesa que no se cumpliría a los generaciones que tendrían que estar produciendo capital para el imperio. Desde el crahs de inmobiliarias, aseguradoras y bancos del imperio, el pueblo estadounidense se dio cuenta que de poco les había servido apoyar una guerra genocida en la que los beneficiados fueron un puñado de petroleros texanos amigos de la familia Bush y Bin Laden. Y no sólo lo anterior, también notaron que algo estaba muy mal cuando, en contra de toda la doctrina capitalista, el gobierno comenzó a rescatar a aquellas empresas que habían especulado con el dinero de los ahorradores, pensionados, asegurados, y endeudados como si de un gran casino tratase el mercado (que lo es, realmente). Por ello el hombre promedio estadounidense sintió que la riqueza que su trabajo generaba no servía ni siquiera para pagar las cuentas corrientes, mucho menos cuando  se dio cuenta que sus impuestos eran destinados a rescatar a un puñado de millonarios que no supieron hacer negocios.

El centenario Wall Street se vio invadido de aquellos que no tenían más opción que expresar su indignación por la brutal omisión de su gobierno en cuanto a sus responsabilidades en el cumplimiento del estado de bienestar de los ciudadanos. Qué mejor sitio para hacerlo que en la Meca del capitalismo mundial. Lejos de simbología, los ocupantes de las plazas públicas en Estados Unidos tienen claro que su protesta es contra el Staus Quo el cual les ha orillado a despojarse de la doctrina, del presunto poderío, de la arrogancia y la vergüenza por exigir. Raro en quienes se les ha inculcado que vivir dentro del imperio es por sí mismo una bendición del “dios bueno”. Nuevamente atestiguamos una evolución del pensamiento del individuo, evolución que la fuerza del capital trata de regresar a su sitio a palos, cárcel y demás muestras de represión a la libertad.

Llegando a México, la situación cambia, siempre cambia llegando a México.

Hemos visto como algunas “movimientos” devienen en pifias que no hacen más que desprestigiar a la lucha mundial en contral del poder neoliberal. Desde que falsos “profetas” de la sociedad llaman a ocupar el Congreso de la Unión (antes haber dejado claro que la cosa es apartidista, pacífica y de muy buenos modales) a la vez que pregonan una “reforma política” (la cual es bien partidista), las dinámicas de ocupación se convierten en actividades con un tufo claramente conservador. Pero poco se repara en este hecho, al contrario, se magnifica la circunstancia por los medios de comunicación al servicio del estado para hacer creer que la pluralidad en México es cosa diaria, como si aquí nuestras libertades son plenas hasta para disentir. Nada más falso. Los hechos en ciudad Juárez confirman lo anterior, donde un grupo de manifestantes fueron desalojados brutalmente pasando por encima de los derechos a la libre manifestación de las ideas; policías fuertemente armados no tuvieron los reparos que si tienen, por ejemplo, con narcotraficantes que gobierna gran parte del país. No queda duda que las demandas de libertades en México son cosa muy seria. Pero no todo es en contra del poder. Hay quienes consideran que se deben atacar las formas y no el fondo. Si bien dentro del hecho en que cientos de ciudadanos hayan decidido asistir a las instalaciones de Televisa para protestarles, es algo que no se había visto últimamente (recordemos que en 2006 las protestas a Televisa eran constantes y más demandantes), tampoco es algo que se puede tomar tan en serio como lo sería exigir la revocación de la concesión que obscenamente ostentan desde el PRI- Gobierno. Un esfuerzo como el realizado por estos ciudadanos no se puede desestimar tan a la ligera, pero sí sus motivos los cuales no son del todo claros en sus objetivos, como si fuese sólo una válvula de escape ante el evidente hartazgo que se comparte y que no encuentra salidas definitivas.

No basta con importar las acciones de ocupación, sino adaptarlas a nuestro contexto tan particular. Debido al presidencialismo, es claro que las causas del origen del desastre nacional emanan de un foco de infecciosa necedad; también se entiende que la brutalidad del gobierno es conocida en cuanto a cómo tratar a los disidentes más radicales sin embargo no se debe olvidar que las expresiones débiles son tomadas también de forma débil.

One Comment leave one →
  1. Sofia permalink
    November 16, 2011 2:47 am

    Retomo esta pequeña parte de tu texto ” No queda duda que las demandas de libertades en México son cosa muy seria.” Son muy serias y gravisimas, estas acciones de abuso de poder, pisotenado los minimos derechos civiles como seres humanos, Yo soy una ciudadana que creo que como tales tenemos la obligacion de tomar acciones para nuestro bienestar, concido bastante ademas en que no bsata solo con tener la intencion o importar alguna moda, sin o hacerlo de manera organizada para obtener resultado….sabes en le caso de España es triste estan en una situacion mas deplorable que la que estamos viviendo muchas movilizaciones, tomas de plazas, (que repito es un excelente inicio) pero no hay organizacion, no han aterrizado, todos piden y todos gritan… pero a donde los lleva el movimiento ??
    Bien es un tema largo… bastante interesante tu punto de vista,, saludos😀 y pendientes

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: