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Morfo: Repartiendo Culpas

April 12, 2011

Para este régimen, ante toda acusación, los responsables son otros.

En un principio las culpa la tenía, como ahora la sigue teniendo, aquél que fue un “peligro para México”, el que sembraba odios y división mientras el otro candidato no dudaba en reunirse con guerrilleros maoístas de centroamérica y con embajadores norteamericanos para reafirmarles su completa y futura colaboración.

Poco después la culpa fue de la crisis que “vino de afuera”, no del secretario de hacienda ni de economía; incluso cuando el entonces gobernador del banco de México aseguraba responsabilidades al interior del gabinete de Calderón, el discurso se mantenía en culpar a las economías del resto del mundo que continuaban recuperándose, mientras la de México se estancó en un complaciente “crecimiento negativo”.

A la par de lo anterior la crisis social que continúa amenazando la permanencia del régimen de facto, no fue, según la versión de ellos, a causa del ominoso fraude electoral ni por la previa campaña de odio, mentiras, miedos y difamaciones; resultó que la culpa la tenía el narcotráfico el cual, según la nebulosa y doble visión federal, representaba tal amenaza hasta para el precio del aguacate. Si usted ha reído en este punto no se contenga por favor, es señal de cordura.

Luego la culpa no fue de los soldados que asesinan y violan a las ancianas en la sierra de Veracruz, sino de la gastritis “mal tratada”, según el diagnóstico del médico forense Calderón que emitió para calmar los ánimos.

En la misma línea, la culpa la tienen las madres y los hijos que tuvieron la fatal imprudencia de cruzarse en el camino de las esquirlas de granada y balas disparadas por los soldados ofendidos por quienes no atendieron a las, en ocasiones, inexistentes señales de alto en ambiguos retenes.

La culpa sigue recayendo en las víctimas por morirse, por ser violadas o encarceladas. Es así que las muertas de Juárez, Estado de México, Nuevo León, Chihuahua, las muertas de México, tienen sobre sí la culpa de vestir inapropiadamente y tener amistades cuestionables; contrarias al ejemplo de “dignas damas” como Margarita Zavala o Elba Esther.

La culpa es de quienes no quieren las alianzas, por desconfiados, por no tolerar la matanza. La culpa se lava al corregir ante todos, sin asomo de vergüenza, al asegurar “Yo no dije guerra”. La culpa no la tiene el alcohol sino la bicicleta mal fabricada.
La culpa no recae en quien vende dos veces la plaza a cárteles antagonistas, sino de un piloto que tuvo la ocurrencia de estrellarse en reforma, matando a otros tantos culpables de tratar de llevar una vida normal.

La culpa es de los estados por carecer de policías confiables y no del demente que comenzó a disparar en su guerrita personal para luego exigir de los demás propuestas.

No conforme con lo anterior se acaba de crear un nuevo culpable; aquél que se atreve a manifestar su hartazgo, le culpan de apologista de la violencia y el odio cuando ha sido a él a quien le han matado un hijo.

Al tratar de encontrar un punto que haga contrapeso a lo anterior llego a la pregunta inevitable: ¿De qué sí se han hecho responsables?

One Comment leave one →
  1. April 12, 2011 8:16 am

    fácil. de culpar a todo aquel, que no este a su favor. todos absolutamente todos, somos culpables, por ser pobres, estudiante,profesionista, vendedor ambulante. (la guerra es paz, la libertad es esclavitud, la ignorancia es fuerza) asi FC gobierna.

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