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Ni dignidad ni vergüenza

March 10, 2011
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Por María Teresa Jardí

No hay que romperse la cabeza para entender que no se trata del título de una película, aunque mucho tenga de parecido con las malas series gringas. “Rápido” entreguemos más armas, de las ya entregadas, a las autoridades mexicanas que encabezan al resto de delincuentes, para que “rápido” exterminen a las futuras madres, de futuros hijos y a los hijos ya nacidos, cuya existencia pone “furioso” al imperio gringo. Punto. “Porque ya nos tienen furiosos los cada vez más pobres mexicanos, enviemos armas para que se ejecuten más rápido a todos los que sobran”.
De contrabando habla la entrada de armas del imperio gringo a territorio mexicano. De la comisión de un delito trata el hecho imputable al gobierno que encabeza Obama. Delincuencia internacional, violando la soberanía nacional, de manera diáfana.
Pero el problema fundamental es otro para los mexicanos.
Integradas con delincuentes operan las agencias yanquis y como delincuente actúa el imperio gringo. Eso ya se sabe. Y combatir eso es lo que a un gobierno legitima.
Despintado incluso ya está Obama y eso que no ha llegado todavía al segundo mandato de rigor que allá, a una parte del duopolio manejador de la política, le toca ejercer a lo largo de larguísimos, para el resto de la humanidad que los sufre, ocho años. Aunque lo más probable es que Obama ni siquiera manteniendo Guantánamo logre la reelección.
Lo que nos compete a los mexicanos es el permiso de entrada de las armas que los gringos usan para ejecutar mexicanos. Porque queda claro que para matar mexicanos habla la entrada de las armas, dos mil que se sabe que entraron, porque con una de ellas asesinaron a un gringo, que nada tenía que hacer en territorio mexicano, acompañado de otro que tampoco tenía que estar aquí. Los que a lo mejor también habían venido a delinquir. Lo que queda reforzado por el hecho, obvio, de que eran compinches de los asesinos. Por más que quieran tapar el hecho, la situación es diáfana, incluso sin investigación alguna. No se quitan los seguros de una camioneta blindada y menos aún por gente entrenada para no hacerlo, si no se conoce al que hace la parada o es con quien se tiene acordada la entrevista. Cuestión de elemental lógica y de mínima inteligencia. Y más aún en un país donde la única certeza es que se mata por nada o peor aún porque así ha sido establecido por el guión decidido para México por el imperio canalla que para nuestra mala suerte nos tocó por vecino. “Rápido”, porque está ya “furioso”, nos quiere muertos a todos los mexicanos pobres, el gobierno gringo. No hay que darle más vueltas al asunto.
Lo inconcebible, incluso tratándose de un usurpador, es la tolerancia de cancillería mexicana. La derecha panista no tiene ni dignidad ni vergüenza. Pero, peor aún que la derecha, de la que no cabe esperar otra cosa, es la actitud del Poder Legislativo, si cabe aún más canalla. Poder que ha renunciado, como el Judicial, por dinero y otras prebendas, a ejercer la función de contrapeso del Ejecutivo.

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