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Las izquierdas: cada vez más lejanas

February 22, 2011

Sin duda la solicitud de licencia temporal es una noticia que ha sido tomada por los simpatizantes de Andrés Manuel López Obrador como una señal más de congruencia. Ante el amago perredista de someter a una consulta aliancista en el Estado de México (quizás con la misma transparencia con la que se eligió la dirigencia del mismo partido) AMLO decidió no ser partícipe de esa dinámica con la cual se desestima la precandidatura de Alejandro Encinas en esa entidad. Sin embargo sólo se está formalizando un alejamiento tangible entre el dirigente social y el partido al cual nunca ha dejado de señalar, con toda razón, de colaboracionista con el gobierno de facto. El hacerlo público responde a una medida de presión mediática con la que la dirigencia del PRD (cuyo rostro visible es el de Jesús Ortega pero la auténtica dirigencia parece recaer en Gustavo Madero o Felipe Calderón) tendrá que lidiar en términos a los que no están acostumbrados: en la manifestación popular de la plaza llena y no en la de boletas dudosamente sufragadas. No hay lugar a dudas al pensar que Chucho y Felipe tendrán pocas oportunidades de hacer frente a ese tipo de demostraciones de apoyo.
Esta situación plantea un escenario en el cual se podría sumar un fracaso más de Jesús Ortega al frente del PRD y, quizás, el epílogo de su carrera política en la que abundaron la sumisión, el doble discurso, la colaboración desmedida con un gobierno más interesado en explotar a supuestos adversarios políticos, para beneficio propio, que hacerlos parte de su proyecto de gobierno.
Del otro lado del espejo esto no es más que un pleito más de las élites políticas que deciden, entre ellos claro, la mejor forma de gobernarnos. Aunque no hay señalamientos de incongruencia entre los líderes políticos que enfatizan su responsabilidad para con la sociedad, es evidente el alejamiento que esta mantiene en la toma de decisiones dentro del tablero de la llamada “Democracia”. Esta brecha entre actores políticos y sociedad deja las puertas abiertas para justificar la gobernabilidad de las balas, la intolerancia y el terror. Podemos explorar la idea sobre la agonía del pacto social, el que evita un estallido violento como la manifestación extrema de la carencia de los satisfactores más elementales dentro de cualquier sociedad. Ante ese diagnóstico, deliberar si es debida y congruente una consulta o la licencia a un partido político parecen temas sumamente pueriles, rayando en lo frívolo.
Si la izquierda persiste en la intentona de hacerse del poder por el poder, mediante las herramientas que el estado concede como pequeñas dádivas, el resto de los adherentes corren el riesgo de convertirse (de forma voluntaria o no) en simples fichas para acumular, con las cuales traficar. En tal caso valdría más el hacerse del poder mediante el ejercicio de la rebelión y el desconocimiento de la clase política como los portavoces de un pueblo al que se le acaban las salidas.

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