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El Aborto en el santo oficio del ejercicio público

September 4, 2010
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Las diferencias inherentes entre los individuos son equilibradas por la ley. No hay más fuertes ni más débiles en un estado pleno de libertades democráticas con estructura social; las diferencias entre los potenciales individuales son canalizadas en los planos del ejercicio laboral e intelectual; esa diversidad hace a una nación fuerte, con futuro, con vías de progreso definidas.
En el plano civil, el individuo no conoce géneros a considerar para la realización de tal o cual tarea o la adjudicación de tal o cual responsabilidad. Todos tenemos cierta dosis de responsabilidad de hacer propia la idea de la igualdad como el contrapeso hacía la tendencia discriminatoria que la tradición católica-conservadora ha implementado a través de los gobiernos que México ha padecido en recientes tiempos.

Si nuestro destino concebido por la fragua histórica es nuestra propia emancipación de los poderes que someten nuestras libertades no podemos dejar que fragmentos de ese albedrío sean dejados en el camino bajo la excusa del bien común.
Y me explico:
El poder, y los que lo ejercen, no requieren de manifestaciones notorias de sus filias ideológicas, sólo las ponen en práctica sobre los individuos y no sobre los grupos.
Que una mujer, por ser mujer, sea perseguida de oficio por la naturaleza de su condición es el claro ejemplo del sometimiento de los derechos más fundamentales que pueda haber. Y para ello existen las leyes; leyes que son enmascaradas con términos confusos que pretendan comunicar que lo que se persigue no es la condición “A” sino la condición “B”.

Homicidio en razón de parentezco” para disfrazar la persecución de mujeres que abortan es el claro ejemplo de las descripción anterior. No importa si el aborto fue decidido, si fue espontáneo, si este fue una acción consecuente de un acto de violación. No, lo que se castiga es la libertad, se aplasta la idea de que la mujer puede decidir, se inculca el miedo en las mujeres y la culpa en los hombres; la ley se aplica como dogma, como liturgia y los jueces hacen las veces de curas que aprueban y reprueban en base a cuestiones de dudosa moral y no bajo los principios del derecho sobre la vida del ser humano.

Con todo ese inventario de traumas y temores adoptados es natural que los individuos se paralicen y hasta lleguen a dudar sobre su proceder; ¿Qué es lo que ese individuo temeroso de la ira del Estado recomendará a su igual? Nada, que deje las cosas como están, que no se arriesgue a padecer consecuencias que no son necesarias, que estará sólo en dado caso. Que nadie le apoyará ni verá por los suyos en su ausencia.
Al llegar a ese estado de parálisis casi todo está perdido.

Son muchas las mujeres que a lo largo del país están presas por un gobierno que pretende actuar como santo oficio ante una problemática de salud pública, social, de educación y seguridad.
Los axiomas conservadores aplicados a las formas de gobernar están causando un problema de estabilidad en el proceso de igualdad de géneros y oportunidad que, aunque aplicados a individuos, afectan a grupos sociales y hasta a generaciones de nuevos mexicanos.
Ya sea en Guanajuato, Puebla, Juárez, Tijuana, Veracruz, Chiapas o cualesquiera de los estados del país donde una sola mujer esté presa por abortar se está minando el derecho de todos a la libertad de elegir.

Antes de preguntarnos porqué las mujeres son perseguidas debemos saber quiénes las están juzgando. Entonces tendremos las respuestas y parte de la solución.

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