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Mario Bellatín: CON UN RAMILLETE ENTRE LOS DIENTES

August 30, 2010

En México existe una curiosa modalidad que se entiende como el arte de la renta. Se pueden tomar en alquiler, por ejemplo, personas dispuestas a pasar por dinero dos noches de cárcel en representación nuestra cuando hemos sido sorprendidos por la policía conduciendo después de haber ingerido más alcohol que el permitido. Se puede rentar también un infante en la puerta del Museo del Niño, pues ingresar acompañado de un menor es el requisito indispensable para visitarlo. En las entradas de emergencia de los hospitales siempre hay señoras dispuestas a fungir como familiares de los pacientes, pues una de las reglas para admitir enfermos es que haya siempre algún pariente, sentado en la sala de espera todo el tiempo que dure el internamiento, que se haga responsable de la situación. Con esa misma lógica se puede rentar a sujetos que golpeen o maten a un enemigo, como a personas que presten sus nombres para que aparezcan como titulares de negocios turbios. Ante la violencia e impunidad que poco a poco toma el país en un rumbo que parece no tener marcha atrás, he pensado en más de una ocasión en alquilar a alguien que escriba en mi nombre. Una persona que pueda hacer frente a la situación sin que yo tenga que ver involucrado mi trabajo personal. Es que en México todos estamos aterrados y, sin embargo, muchos de nosotros no nos lo tomamos a título personal. Es como si existiera un país conformado sólo por arrendadores y arrendatarios. Da la impresión de que un sector de la sociedad ha rentado a otro para que haga el papel de muerto, de sicario, de descuartizado, de autoridad corrupta, de mujer desaparecida porque, aunque parezca difícil creerlo, el común de los ciudadanos cree que se trata de una situación que le atañe sólo de manera tangencial. Allá ellos, parecen decir. Mientras yo no sea rentado como víctima o victimario no tengo nada que ver en el asunto. Las imágenes más fuertes que hemos visto estas semanas, lamentablemente no tienen la novedad que algunos pretenden que posean. Más bien parece que la propaganda que despiertan ciertos hechos actuales sirven de velo para ocultar a rentados anteriores. La aparición furibunda de grupos de narcotraficantes da la idea que querer suplantar de manera perfecta a las muertas de Juárez, a las matanzas indígenas, a los secuestros y torturas que van en línea recta desde la frontera sur a la norte del país. Sólo de esa manera, en su carácter de seres rentados, es posible imaginar como algo fuera de lo común pero de alguna forma admitido, el hallazgo de un autobús estacionado al lado de una carretera con el chofer y los pasajeros perfectamente sentados pero sin cabeza, o la aparición de los cadáveres de las personas secuestradas decoradas con un rozagante ramo de flores amarillas saliendo de la boca. Deseo por eso alquilar a alguien que me suplante para yo poder vivir en esta sociedad con la conciencia tranquila. Para ser uno de los tantos mexicanos comunes y corrientes para los cuales hay sólo cierto desequilibrio social en algunas regiones. No tengo tanto dinero como para rentar un Presidente o a un grupo que haga las veces de políticos de alto nivel. Menos aún para pedir los servicios de alguien que personifique el papel de una Secretaria de Estado de un país vecino. Los imagino a los dos. Al Presidente y a la Secretaria de Estado alquilados discutiendo de asuntos cruciales con la franqueza que sólo la suplantación puede otorgar. Pero como eso no sucederá, pues ninguno de los dos expresará con franqueza lo que desea del otro ya que ambos tienen mucho que perder si lo hacen, la situación seguirá un rumbo ya entrevisto. Tal vez el hecho de rentarnos los unos a los otros de maneras tan extravagantes, nos haya llevado a perder de vista que en este extraño trueque la muerte es la única que se atreve a pedirnos en alquiler para huir después sin pagarnos ni un solo centavo a cambio.

Fuente: Nuestra Aparente Rendición

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